La sexualidad femenina es rica, diversa y profundamente influenciada por factores biológicos, emocionales y culturales. Durante siglos fue definida en función del placer masculino o de la reproducción, ignorando la experiencia subjetiva de las mujeres. Hoy sabemos que el placer femenino es complejo, variable y merecedor de atención y estudio propio.
El clítoris, por ejemplo, es un órgano cuya función exclusiva es el placer, y su anatomía completa fue descrita científicamente recién en 1998. Este solo dato habla del enorme vacío histórico que ha existido en torno al cuerpo y la sexualidad de las mujeres. Conocer el propio cuerpo es un acto político y personal a la vez.
Las mujeres también enfrentan presiones específicas: la expectativa de ser siempre disponibles, el miedo al dolor, la vergüenza por el deseo, o la dificultad de priorizarse a sí mismas. Reconocer y desafiar estas presiones es parte fundamental de construir una sexualidad que se sienta propia, libre y placentera.