La pornografía puede afectar la relación de pareja cuando genera expectativas irreales, secretismo o conflictos de valores entre las personas involucradas.
Puede afectarla o no, dependiendo de varios factores. El problema no siempre es la pornografía en sí misma, sino el secretismo, las expectativas irreales que puede generar o la discrepancia de valores entre las personas de la pareja. Si uno de los dos la consume y el otro no sabe o lo desaprueba, eso puede generar tensión y distancia reales.
Algunas investigaciones muestran que el consumo frecuente de pornografía puede estar asociado a menor satisfacción sexual en pareja, especialmente si genera comparaciones con actores y actrices o si reemplaza la intimidad real. En otros casos, las parejas la comparten como parte exploratoria de su vida sexual sin mayor conflicto.
Lo más importante es la honestidad y la conversación. ¿Saben ambos que se consume? ¿Están de acuerdo? ¿Genera alguna consecuencia en cómo se relacionan sexualmente? Estas preguntas son más relevantes que el consumo mismo. La terapia de pareja puede ayudar a abordar el tema sin que se convierta en un campo de batalla.
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