Las personas autistas y con TDAH pueden experimentar la sexualidad de maneras únicas que merecen ser comprendidas y validadas.
La neurodivergencia —término que incluye el autismo, el TDAH y otras variantes neurológicas— impacta la sexualidad de maneras que aún la ciencia está comenzando a explorar. Las personas autistas, por ejemplo, pueden tener umbrales sensoriales muy distintos: hipersensibilidad al tacto que hace ciertos contactos dolorosos o abrumadores, dificultad para leer las señales no verbales de la pareja, o preferencias sexuales muy específicas. También hay mayores tasas de identidad LGBTQ+ y de asexualidad en la población autista.
Las personas con TDAH pueden experimentar dificultad para mantener la atención durante el sexo, impulsividad que puede llevar a conductas de riesgo, búsqueda de novedad intensa, o variaciones marcadas en el deseo según el nivel de estimulación del entorno. La hiperconcentración también puede manifestarse en el sexo de formas positivas o como dificultad para "salir" del modo alerta.
La terapia sexual informada sobre neurodivergencia parte del respeto por las características neurológicas de la persona, no desde la deficiencia. Adaptaciones prácticas, comunicación explícita (que en el autismo puede ser muy natural), y comprensión de los propios patrones sensoriales y atencionales pueden transformar la vida íntima positivamente.
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