Es muy frecuente sentir culpa por algunas fantasías, pero la excitación ante ellas no define tus valores ni significa que quieras que ocurran en la realidad.
Es muy frecuente sentir culpa o vergüenza por algunas fantasías sexuales, especialmente cuando involucran escenarios tabú, dinámicas de poder o situaciones que van en contra de los propios valores declarados. Sin embargo, sentir excitación ante una fantasía no significa que seas una mala persona ni que quieras que eso ocurra en la vida real.
La excitación es en gran parte una respuesta automática del sistema nervioso, no una declaración de intenciones ni de valores. La mente explora escenarios prohibidos precisamente porque la transgresión en un espacio imaginario y seguro puede ser excitante por su propia naturaleza. Esto es algo documentado y muy frecuente en personas de todo tipo.
La culpa que genera una fantasía suele merecer más atención que la fantasía misma. Pregúntate de dónde viene: ¿tiene origen religioso, cultural o familiar? Trabajar esa capa permite separar la experiencia interna del juicio moral externo que la rodea, y relacionarte con tu sexualidad mental de forma más libre.
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