La disfunción eréctil tiene causas físicas y psicológicas, y en la mayoría de los casos responde bien a un tratamiento adecuado.
La disfunción eréctil —la dificultad recurrente para lograr o mantener una erección suficiente para la actividad sexual— es más común de lo que se cree y afecta a personas de todas las edades. Muchos la viven en silencio por la vergüenza que genera en una cultura que vincula la erección con la masculinidad y el valor personal.
Las causas pueden ser orgánicas (diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares, niveles bajos de testosterona) o psicológicas (ansiedad, depresión, estrés, conflictos de pareja). En muchos casos ambas dimensiones se combinan: una causa física inicial desencadena ansiedad que a su vez agrava el problema.
El tratamiento más efectivo suele ser combinado: evaluación médica para las causas orgánicas y terapia sexual para los factores psicológicos y relacionales. En consulta trabajamos la ansiedad al rendimiento, las expectativas y la comunicación con la pareja, que son fundamentales para una recuperación sostenida.
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