La ansiedad de rendimiento es uno de los principales obstáculos para el placer sexual masculino y tiene estrategias terapéuticas muy efectivas.
La ansiedad de rendimiento sexual es el miedo a no "rendir" de cierta manera durante el sexo: no lograr erección, eyacular demasiado rápido o tarde, no satisfacer a la pareja. Paradójicamente, este miedo activa el sistema nervioso simpático, que es precisamente el que inhibe la respuesta sexual. Se crea así un círculo vicioso difícil de romper sin ayuda.
Culturalmente, los hombres reciben mensajes que vinculan su valor con su desempeño sexual: ser el que "siempre puede", el que satisface siempre, el que tiene siempre la iniciativa. Estas expectativas son irreales y generan una presión enorme. Cuando el cuerpo no cumple esas expectativas, viene la vergüenza, la evitación y el deterioro de la vida sexual y muchas veces de la autoestima.
La terapia sexual aborda la ansiedad de rendimiento con técnicas cognitivo-conductuales (reestructuración de creencias), ejercicios de focalización sensorial (que desplazan el foco del rendimiento al placer), y trabajo en comunicación de pareja. Aprender a estar presente en el cuerpo, en lugar de ser un observador crítico de tu propio desempeño, es transformador.
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