La testosterona influye en el deseo sexual, pero la relación es más compleja de lo que suele pensarse y otros factores son igualmente importantes.
La testosterona es la principal hormona androgénica y tiene un papel real en el deseo sexual de personas con testículos. Sus niveles disminuyen de forma gradual a partir de los 30-40 años, lo que puede contribuir a una reducción del deseo. Sin embargo, la relación entre testosterona y libido no es lineal: en el rango normal, pequeñas variaciones no necesariamente se traducen en cambios de deseo.
El estrés crónico eleva el cortisol, que suprime la testosterona. El sedentarismo, el sobrepeso, el alcohol y la falta de sueño también la reducen. Por eso antes de pensar en suplementación hormonal, es útil revisar el estilo de vida. Si sospechas que tus niveles están bajos, un médico puede indicar un examen de sangre para evaluarlo correctamente.
El deseo sexual en personas con pene también tiene componentes psicológicos fundamentales: la confianza en uno mismo, el nivel de satisfacción con la relación, el estrés laboral y el estado emocional general pueden influir tanto o más que la testosterona. La terapia sexual aborda estos factores de manera integral.
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