La ansiedad es uno de los factores psicológicos que más impacta en la respuesta sexual, generando un círculo vicioso difícil de romper sin apoyo.
La ansiedad activa el sistema nervioso simpático, el mismo que prepara al cuerpo para huir o luchar. Ese estado de alerta es incompatible con la respuesta sexual, que requiere relajación y presencia. Por eso, cuando la ansiedad está presente —sea de rendimiento, generalizada o vinculada al sexo específicamente— el cuerpo literalmente no puede excitarse.
La ansiedad al rendimiento es especialmente común: la preocupación por satisfacer a la otra persona, por mantener la erección, por llegar al orgasmo o por el propio cuerpo genera una presión que paradójicamente inhibe justo lo que se busca. Este círculo vicioso puede instalarse con mucha rapidez.
En terapia sexual aprendemos a identificar los pensamientos ansiosos que interfieren con el placer, a redirigir la atención hacia las sensaciones presentes y a reestructurar las expectativas sexuales. Con práctica y acompañamiento, es completamente posible romper este ciclo.
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