En mi consulta, los hombres suelen llegar más tarde que las mujeres. No porque los problemas aparezcan después, sino porque pedir ayuda en el ámbito sexual va en contra de varios mandatos de la masculinidad tradicional: se supone que los hombres siempre quieren sexo, siempre están listos, siempre saben cómo hacerlo, y si algo falla, es mejor callarse.
Los mandatos que dañan
La masculinidad hegemónica construye una imagen del hombre sexualmente hábil, siempre disponible, centrado en el desempeño y el rendimiento. Esa imagen tiene consecuencias concretas y dañinas:
Presiona a los hombres a tener relaciones sexuales cuando no quieren, porque "los hombres siempre quieren". Genera vergüenza intensa cuando aparece cualquier dificultad sexual, porque "un hombre de verdad no tiene esos problemas". Impide pedir ayuda o hablar con la pareja, porque reconocer una dificultad se siente como reconocer una falla en la masculinidad. Y muchas veces lleva a fingir orgasmos, a evitar la intimidad, o a desarrollar actitudes defensivas que afectan profundamente las relaciones.
Los temas que los hombres raramente consultan
He acompañado a hombres con disminución del deseo sexual, algo que rara vez se habla porque se supone que los hombres siempre quieren. Con dificultades para el orgasmo. Con inseguridad sobre el tamaño o la apariencia de su pene. Con preguntas sobre su orientación sexual que no se atreven a formular. Con dolor durante el sexo. Todos estos temas existen, son frecuentes, y merecen atención sin juicio.
La salud sexual masculina importa
Los hombres también tienen derecho a no querer sexo. A sentir dolor. A no "funcionar" perfectamente. A tener dudas sobre su sexualidad. A buscar ayuda sin que eso los haga menos hombres.
Una de las cosas más poderosas que veo en terapia es cuando un hombre logra hacer una primera grieta en ese muro de silencio y se permite hablar de lo que realmente le pasa. No solo mejora la sexualidad: mejoran las relaciones, la autoestima, la salud en general.
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