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Culpa y masturbación: cómo soltar la vergüenza aprendida

Florencia Grebe
Ps. Florencia Grebe

1 de enero de 2025  · 2 min de lectura

Culpa y masturbación: cómo soltar la vergüenza aprendida

He acompañado a muchas personas que viven en un ciclo que les genera mucho sufrimiento: se masturban, sienten placer, y luego viene la culpa. Una culpa visceral, a veces casi física. Y el ciclo se repite. Se masturban con cierta frecuencia, se prometen que van a parar, vuelven a hacerlo, y la culpa regresa.

Esa culpa no es una señal de que la masturbación sea mala. Es una señal de que recibiste mensajes muy poderosos de que lo era.

De dónde viene esa culpa

La culpa asociada a la masturbación tiene raíces culturales, religiosas y familiares muy concretas. En muchos contextos, la masturbación se enseñó explíticamente como pecado, como perversión, como algo que "personas decentes" no hacen. Esos mensajes, recibidos en la infancia o adolescencia, cuando aún no tenemos capacidad crítica para cuestionarlos, se instalan profundo.

No importa cuánto, intelectualmente, sepas que la masturbación es normal. Si el mensaje emocional que recibiste en la infancia fue de vergüenza o prohibición, esa respuesta emocional puede activarse de forma automática, independientemente de lo que pienses racionalmente.

El ciclo culpa-compulsividad

Hay algo paradójico en la culpa sexual: muchas veces la genera más compulsividad, no menos. Cuando algo está prohibido, se vuelve más atractivo. Cuando nos juzgamos muy duramente por un comportamiento, el estrés que genera ese juicio puede llevar de vuelta a la conducta que usamos para aliviar el estrés. Es un bucle poco amable.

En mi práctica, trabajo con personas en este ciclo desde una perspectiva de compasión, no de control. No se trata de tener más fuerza de voluntad; se trata de cambiar la relación con la experiencia.

Cómo trabajar la culpa

Lo primero es cuestionar el origen de la creencia. ¿De dónde viene la idea de que la masturbación es mala? ¿Quién te lo dijo? ¿Esa persona tenía información confiable? ¿Esa creencia sirve a tu bienestar hoy?

Lo segundo es practicar la no-juicio. Cuando la culpa aparezca después del placer, en vez de tratar de suprimirla, observarla con curiosidad: "Estoy sintiendo culpa. Es una sensación en el pecho. Es una voz que dice que hice algo malo. ¿Es eso cierto?". La distancia entre la emoción y la creencia a veces ayuda a no quedar atrapada/o en ella.

Lo tercero, y a veces lo más importante, es un trabajo más profundo con una terapeuta. Si la culpa es intensa y persistente, si está asociada a un contexto religioso o familiar muy marcado, puede necesitar un espacio específico para ser procesada.

El placer propio como acto de cuidado

Quiero dejarte con esta idea: masturbarse puede ser un acto de autocuidado. Una forma de conocer tu cuerpo, de liberar tensión, de darte placer sin depender de nadie más. Eso no está mal. Mereces conocerte y quererte, también en este aspecto.

Si quieres acompañamiento profesional, agenda una sesión con Florencia.

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Florencia Grebe

Florencia Grebe

Psicóloga UC · Máster Universitat de Barcelona

Psicóloga Clínica especializada en terapia de pareja y sexualidad. Estudios en la Universidad Católica y Máster en la Universitat de Barcelona.

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