En mis años de consulta he preguntado a cientos de personas cuánto saben sobre el clítoris, y la respuesta casi siempre es: muy poco. Y eso no es culpa de nadie: durante décadas, la anatomía del clítoris fue minimizada incluso en los textos médicos. Recién en 1998 la urólogo australiana Helen O'Connell publicó la primera descripción completa de la anatomía del clítoris usando disecciones modernas. Antes de eso, los libros de anatomía lo mostraban como un botoncito pequeño. La realidad es muy distinta.
El clítoris es enorme
Lo que vemos externamente —el glande del clítoris, esa pequeña protuberancia sobre la abertura vaginal— es solo la punta. El clítoris tiene una estructura interna que incluye dos cuerpos cavernosos que se extienden hacia arriba y hacia los lados, y dos bulbos vestibulares que rodean la vagina y la uretra por dentro. En total, el clítoris puede medir entre 8 y 10 centímetros.
Esto explica muchas cosas que antes se describían de forma confusa, como el llamado "punto G" o el "orgasmo vaginal". Lo que ocurre en muchos de esos casos es que se está estimulando, de forma indirecta, el clítoris interno a través de la pared vaginal anterior.
¿Por qué importa esto?
Importa porque cambia completamente cómo entendemos el placer femenino. La gran mayoría de las personas con vulva —los estudios hablan de alrededor del 80%— necesitan estimulación directa del clítoris (la parte externa) para llegar al orgasmo. La penetración sola, sin estimulación clitorial, no produce orgasmo en la mayoría de los casos. Eso no es un déficit: es anatomía.
He acompañado a mujeres que durante años creyeron que estaban "rotas" porque no llegaban al orgasmo con la penetración. Cuando entienden la anatomía, algo cambia: dejan de verse como un problema y empiezan a entender qué tipo de estimulación necesitan.
¿Cómo estimular el clítoris?
No hay una sola forma. El glande del clítoris tiene una concentración enorme de terminaciones nerviosas —unas 8.000, más que cualquier otra parte del cuerpo— y muchas personas lo encuentran muy sensible al contacto directo. Por eso, la estimulación suave, circular o lateral alrededor del glande suele funcionar mejor que la presión directa.
La exploración propia es la mejor forma de descubrir qué funciona para ti. Y compartir eso con una pareja, aunque a veces da vergüenza, transforma completamente la experiencia sexual compartida.
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